La reciente feria del libro usado realizada en el colegio se consolidó como una instancia significativa de encuentro y participación dentro de la comunidad educativa. Más allá de la compra e intercambio de libros, la actividad promovió un ambiente de colaboración donde estudiantes, docentes y funcionarios compartieron experiencias, recomendaciones y saberes en torno a la lectura. Este tipo de iniciativas no solo fomenta el acceso a materiales literarios, sino que también fortalece el sentido de pertenencia y el vínculo entre los distintos actores del establecimiento.
Uno de los aspectos más destacados de la feria fue la activa participación de los estudiantes, quienes asumieron un rol protagónico tanto en la organización como en la difusión de la actividad. Muchos de ellos se involucraron en la selección y presentación de los libros, generando espacios de diálogo con sus compañeros y adultos. Esta interacción favoreció el desarrollo de habilidades comunicativas y sociales, además de incentivar el gusto por la lectura desde una perspectiva más cercana y significativa.
Por su parte, los profesores y funcionarios también desempeñaron un papel clave, no solo apoyando la logística del evento, sino también participando activamente en las conversaciones y recomendaciones literarias. Se generaron instancias espontáneas de intercambio intergeneracional, donde distintas miradas y experiencias enriquecieron el valor de la actividad. Este clima de colaboración permitió visibilizar la lectura como una práctica compartida y transversal, más allá del aula.
En definitiva, la feria del libro usado se transformó en un espacio de encuentro que trascendió lo académico, promoviendo valores como la solidaridad, el respeto y la convivencia. El simple acto de compartir un libro se convirtió en una oportunidad para fortalecer la comunidad educativa, reafirmando la importancia de generar experiencias que integren a todos los miembros del establecimiento en torno a objetivos comunes.








